Uschi Digard nació el 15 de agosto de 1948 en la pequeña localidad de Aalborg, Dinamarca. Creció en un entorno rural donde el contacto con la naturaleza marcó su carácter libre e independiente. Desde muy joven mostró un fuerte interés por el arte y la expresión corporal, lo que la llevó a estudiar danza y teatro en la escuela local. A los diecisiete años, decidió dejar su país natal para buscar oportunidades en el extranjero, primero en Alemania y luego en Francia, donde comenzó a forjar su carrera artística.
En la década de 1960, Uschi llegó a París con la intención de trabajar como modelo y actriz. Su físico llamativo y su desparpajo natural le abrieron puertas en el cine de serie B y en producciones de género erótico que florecían en Europa en esa época. Su primer papel relevante llegó en 1968 con la cinta "La mujer de la noche", una producción francesa que combinaba drama y sensualidad. A partir de ahí, participó en una decena de películas italianas y francesas, muchas de ellas dirigidas por realizadores de culto como Jesús Franco. En estas producciones, Digard solía interpretar personajes de femme fatale o de mujer libre, roles que encajaban con su personalidad desenvuelta.
Durante los años setenta, Uschi Digard se convirtió en un rostro habitual del cine de explotación europeo. Trabajó junto al director español Jesús Franco en títulos como "El sádico de la chica muerta" y "La isla de las vírgenes ardientes", donde su presencia escénica y su capacidad para transmitir tensión sexual fueron muy valoradas. Digard nunca se sintió cómoda con el término "actriz pornográfica", pues consideraba que sus interpretaciones iban más allá del mero contenido explícito; para ella, cada personaje tenía una carga dramática y una historia que contar. En varias entrevistas declaró que el cine de esa época le permitió explorar su propia sexualidad sin tapujos, aunque también reconoció las dificultades de ser mujer en una industria dominada por hombres.
A finales de los setenta, Uschi Digard decidió retirarse del cine de forma paulatina. Se mudó a Estados Unidos, donde residió durante un tiempo en Nueva York, alejada del foco mediático. Allí trabajó en una galería de arte y posteriormente en una tienda de antigüedades. En una rara aparición pública en 1985, confesó que extrañaba la adrenalina del rodaje, pero que ya no se veía formando parte de una industria que había cambiado drásticamente. Su última película registrada data de 1982, y desde entonces se dedicó a una vida tranquila lejos del cine.
En la década de 2000, el interés por el cine de explotación europeo resurgió gracias a coleccionistas y festivales de cine de culto. Uschi Digard fue redescubierta por nuevas generaciones que valoraban su autenticidad y la crudeza de sus interpretaciones. En 2010 concedió una entrevista telefónica a un fanzine francés donde habló de su paso por el cine danés y de cómo vivió la libertad creativa de aquellos años. Aunque nunca regresó a la actuación, accedió a que se reeditaran algunas de sus películas en formato restaurado. Hoy en día, reside en una pequeña localidad de la costa oeste de Estados Unidos, donde disfruta de la jardinería y la lectura, manteniendo un perfil bajo pero consciente de que su nombre sigue siendo recordado por los amantes del cine underground.